Trilogía del Ruan (II): Zapatos

Redacción: Juan José Caravaca Silva (@juanjc64)

Fotografía: Juan Jesús Ruiz Toscano (@juanjecofrade)

 

En la madrugada eterna de Sevilla, origen de nuestra semana santa, noche de vigilia y penitencia, tres son las formas como Sevilla vive la penitencia: la silente imitación a Jesús Nazareno; siendo testigos del Gran Poder de Dios en su epifanía dolorosa de cada primavera, y acompañándole y velando su sueño en el momento supremo en el monte Calvario.

Desde la madrugada del 14 de abril de 1356 los Primitivos Nazarenos de Sevilla salen en penitencia pública a imagen, semejanza e imitación de Jesús Nazareno, vistiendo para ello túnicas moradas, con una soga de esparto, con cabelleras de fibras vegetales sujetas por una corona de espinas, los pies descalzos portando una pesada cruz en absoluto silencio y gran recogimiento, armados “con las armas verdaderas con que nuestro Redemptor Jesu Christo venció a sus enemigos, la Santa Cruz pues en ella murió matando nuestra muerte y reparando nuestra vida”.

Desde ese día en la Ermita de San Antonio Abad en el Campo de la Resolana existe la madrugada en Sevilla. En el transcurso del tiempo, fue cambiando su sede esta hermandad, también las costumbres de la ciudad y la forma de realizar esta penitencia publica, así se va a la Catedral a adorar a Jesús Sacramentado y desde 1768 se tiene noticia que las túnicas serán negras y de cola, con capirote de la misma tela y color y cinturón de esparto, y en cuanto al calzado dejan libertad para llevar los pies descalzos solo quienes deseen aumentar el grado de su penitencia siempre y cuando no perjudique su salud, sin más referencia al calzado a utilizar que sería el tradicional por aquel tiempo y que ha perdurado hasta nuestros días: zapatos.

Y siendo una hermandad de penitencia y silencio ¿Por qué zapatos? ¿Por qué no otro calzado más austero para seguir a Jesús Nazareno? Porque El Rey David abraza el instrumento del martirio, pero es de carey y plata porque es un abrazo de salvación al signo de la gloria. Llevamos calzado de gloria por acompañar a un misterio de gloria. Quien mejor explica esto es mi hermano Carlos Colón cuando afirma que Jesús Nazareno es la única imagen alegórica de Cristo de la Semana Santa que conjuga en sí la exaltación de la Santa Cruz (de Jerusalén, titular de la hermandad) por el propio Nazareno, junto con la propia exaltación de Cristo Resucitado que abraza el instrumento de su muerte convertido por ella en Seña de nuestra salvación.

Y para completar la alegoría, la imagen del Señor va custodiada e iluminada por dos ángeles que refleja aún más si cabe que Jesús Nazareno se nos muestra desde la Gloria celestial, autentico Varón de Dolores a lo divino, que en una representación del juicio final se nos muestra mirando a la izquierda donde estaremos los pecadores pero no para recriminarnos nuestras faltas, sino para concedernos su perdón infinito y misericordioso, a través de su mirada, y llevarnos con El junto al Padre.

Llevar zapatos en la madrugada es compartir la Gloria con Jesús Nazareno.

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