Tiempo de altares

Redaccion: Juan José Caravaca Silva (@juanjc64)

Fotografía: Tony Solís (@TSFotografías_)

Pascua de Resurrección: termina una nueva semana santa y los cofrades, una vez culminada la vorágine, frenamos en seco y comenzamos un tiempo de relax, de sosiego, de reflexión… Porque todo el ajetreo y la tarea desmedida sin horas, sin casi sueño, de tenerlo todo preparado en las casas y en las hermandades, de haber disfrutado los días santos con nuestra cofradía y con todas las demás, necesita un punto y seguido y un tiempo más que necesario que nos permita recogerlo todo, limpiar los enseres y las túnicas y lo más importante devolver a nuestras sagradas imágenes de esos magníficos y costeadísimos altares móviles que son sus pasos procesionales, a sus respectivos camarines en los retablos donde reciben culto y las visitas de sus devotos el resto de los días del año.

En referencia a este periodo que comenzamos ahora de todo un año de las imágenes en sus altares, mi muy querido Sr @_ALaGloria_ ponía en un tuit buscando el apoyo para el síndrome depresivo post semana santa: “Va a sonar a tópico, pero las imágenes están todo el año en sus iglesias, por si sirve de consuelo”. He de confesar que llamó profundamente mi atención y me hizo reflexionar.

En primer lugar me llama la atención la gran cantidad de gente en las calles en la semana santa, la gran afluencia de hermanos en estos días por la papeleta de sitio y para salir de nazareno y después el resto del año que tranquilas están las capillas y las parroquias. Entiendo que tenemos muchos quehaceres ocupaciones y rutinas y no podemos ir a diario, yo el primero, pero también es cierto que pocas veces buscamos un momento para ir a visitarles ni tan siquiera alguna vez a la semanal misa o culto de hermandad. Es un momento ideal para tener un momento de oración y cercanía con Jesús y María y también una magnífica oportunidad para hacer y construir hermandad en la fraternal convivencia con los hermanos. 

Por otra parte también me da que pensar cuanto esfuerzo, trabajo y dinero en hacer unos pasos maravillosos verdaderos retablos andantes que guardan las Imágenes sagradas para su acercamiento a todos cuantos quieren salir a contemplarlas y venerarlas en las respectivas estaciones de penitencia, donde están escasamente 10 días cada año, y que sencillos y simples son muchas veces sus altares en las iglesias y capillas donde están los 350 días restantes, incluso alguna vez sin flores… (y no me refiero al cierre estival). Altares donde las podemos visitar, rezarles, darles gracias, acordarnos de nuestros mayores que tanto las quisieron y que están ya junto a Ellos, y soñarlas en sus pasos, con esa marcha que nos toca el corazón en esa chicotá perfecta que siempre perdura en la memoria.

Cada día me confieso más amante de esta semana santa recogida de cada día fuera de los días santos. Amante de esos altares que los mal llamaré “de diario”, donde están todo el año nuestras imágenes esperando que les tengamos un recuerdo. Amante de esas visitas fuera de hora con las capillas casi vacías donde solo media ese acercamiento íntimo y personal entre cada uno y su Cristo o su Virgen, que en el fondo son el mismo Dios y su Madre. Y amante, como no, de ese unirme a la eterna conversación de “Juan” con “Mara” en ese quedo “Silencio” diario de San Juan de la Palma mientras en el alma suena Amarguras…

 

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