Trilogía del Ruan (III): Sandalias

Redacción: Juan José Caravaca Silva (@juanjc64)

Fotografía: José Cruz Martín (@PepeCruz_Martin)

 

En la madrugada eterna de Sevilla, origen de nuestra semana santa, noche de vigilia y penitencia, tres son las formas como Sevilla vive la penitencia: la silente imitación a Jesús Nazareno; siendo testigos del Gran Poder de Dios en su epifanía dolorosa de cada primavera, y acompañándole y velando su sueño en el momento supremo en el monte Calvario.

Siendo la Estación de Penitencia el principal culto externo de la hermandad, sus cofrades han de procurar revelar y difundir el mensaje de Jesús a todos cuantos contemplen la procesión mediante su actitud y su comportamiento en la calle. Siguiendo al Hombre fuerte que camina hacia el calvario cargando en su cruz todas nuestras culpas y pecados; el Hombre ante quien se postran todos los pueblos de la tierra; el Hombre que, aunque llevado como un malhechor, es la luz del mundo que nos ilumina y guía a todos; el Hombre cuya fuerza hace que se sobreponga a todo, incluso a su propio martirio; el único Hombre que puede romper el lazo del pecado y liberar a la humanidad, el Hombre en cuya Mano está el Poder y el Imperio.

Y para seguir a este Hombre, sus cofrades desde 1904 calzan sandalias en sustitución del zapato con hebilla tradicional hasta entonces, porque ante Dios cargado con la cruz en la que lleva nuestras aflicciones, debemos reconocernos pecadores y no llevar otro calzado que el que El mismo pudo llevar, y así descalzos o con sandalias acompañarle en su paso por las calles hasta la Jerusalén de la ciudad donde nos espera en la real presencia de la eucaristía.

En cumplimiento del espíritu y tradición de la hermandad, los cofrades del Gran Poder irán con el mayor orden, en silencio y siempre cubiertos, en profunda meditación sobre la pasión de nuestro Señor y los Dolores de la Santísima Virgen María, con la mayor devoción, dando publico testimonio de fe que sirva de ejemplo y edificación a cuantos contemplaren el paso de la cofradía.

Y después El, Jesús del Gran Poder, a quien visitamos todos los viernes del año pero que el viernes en que se conmemora su pasión y muerte sale a la calle para recordarnos que está aquí para escucharnos, guiarnos y consolarnos porque es el Hijo del Padre que está entre nosotros por su Espíritu Santo.

Porque ante el Gran Poder de Dios, toda rodilla se doble y la palabra enmudezca, que solo hable el corazón para darle gracias, proclamarle tres veces santo y calzar nuestras sandalias para acompañarle camino del calvario.

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