El Pescao del Tercer Tramo

Opinión: (Juan José Caravaca Silva @juanjc64)

Fotografía: (José Cruz Martín @PepeCruz_Martín)

 

El auge de nuestra semana santa es algo evidente y visible. Los nuevos medios de comunicación y transporte hacen posible que muchas personas se puedan desplazar lo que, unido al crecimiento propio de la ciudad, ha incrementado el número tanto de los espectadores de las procesiones como de los propios integrantes de los cortejos que han visto incrementados de manera exponencial en muchos casos. Esta gran afluencia tanto de publico como de integrantes en los cortejos hacen que el actual modelo de semana santa sobre todo en lo que a itinerarios y horarios se refiere necesite una reforma que los adecue a la situación actual, sobre todo en lo que a carrera oficial se refiere, cuestión que ya está bastante sobre el papel y sobre la que no hace falta mas comentarios, excepto sobre una cuestión que han apuntado en varias ocasiones como una posible solución, y es el reducir el número de nazarenos. Este famoso numerus clausus, que se lleva ya tiempo apuntando,  precisamente incide en quien tiene a la postre el sostenimiento de las hermandades y por tanto de la fiesta en sí: el nazareno.

 

Porque el nazareno es quien mantiene con sus cuotas a la hermandad durante el año y quien (subvención aparte) sufraga la salida. El nazareno es quien con su presencia en las filas de la cofradía configura y da forma a las procesiones. El nazareno es el contenido primero y fundamental de la estación de penitencia con sus intenciones particulares y privadas que, bajo el antifaz, lleva a la Catedral acompañando a sus titulares. El nazareno es quien porta la luz que alumbra a Cristo en su paso por la ciudad. El nazareno lleva la cruz que le hace más imitador de Jesús en su camino hacia el calvario. El nazareno va con las varas y las insignias que son el relato simbólico de la historia de su hermandad y que muestra a todos los que contemplan la procesión. El nazareno es, por tanto, cada uno de los ladrillos que juntos construyen la semana santa, o lo que es lo mismo el nazareno es la piedra angular de esta fiesta.

 

Pero en contrapartida, el nazareno es usualmente la pieza más frágil de esa semana santa de la que precisamente es su  cimiento, suele ser lo último en quien se piensa a la hora de proponer cambios y modificaciones en la organización de la fiesta excepto si es para restringir su participación en la misma. Y en las propias hermandades es muy frecuente, cuando se está preparando la semana santa y en las reuniones con los distintos colectivos que forman parte de los cortejos tener un “pescao” de convivencia con los mismos, así los diputados suelen tener su pescao, los acólitos también tiene  el suyo, al igual que los costaleros, pero ¿dónde está el pescao de los nazarenos?

 

Y de entre los pescaos de los nazarenos yo reivindico el de los nazarenos del tercer tramo. Porque los últimos tramos lo forman los hermanos de mayor antigüedad en la hermandad, al igual que los primeros tramos del cotejo de cada paso, bien tras la Cruz de Guía o el paso del Señor; en el segundo tramo se suelen incorporar los nuevos hermanos o los tramos infantiles y es a partir del tercer tramo donde se forma al grueso de la nomina de la hermandad, grupo que precisamente es el mas pretendo poner en valor.

 

No se me asusten ni se inquieten los mayordomos, que soy consciente de la inviabilidad tanto económica como organizativa de esta idea que en si no es más que una irónica reducción al absurdo de nuestra realidad. Pero salvando el hecho en sí de este pescao por tramos, si es cierto que deberíamos hacerlo, aunque sea en sentido figurado, para poner en valor la figura del activo mas importante que tiene toda hermandad que son sus hermanos sin excepción, del mas nuevo al de mayor antigüedad.

 

Concluyendo y volviendo a mi “absurdo inicial”, les ruego me avisen del día y la hora del pescao de mi “tercer” tramo, que aunque sea en este sentido figurado, vaya en él mi reconocimiento y homenaje de quien, sin palabras ni aspavientos, y bajo el anonimato de esa túnica y antifaz que a todos nos hace iguales, es sin duda alguna el alma y sustento de nuestra centenaria celebración.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *