Con la Venia… El Dios de los Humildes de Torreblanca

Opinión de: Bea Vélez @Beitavq

Fotografía de: Tony Solis @TSFotografías_

 

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.

(Mt 5, 3-12)

 

Imagino que por textos anteriores habréis podido deducir que, antes de dejar mis reflexiones en esta página, me gusta saborear las ideas, dejarlas reposar en mi cabeza y, sólo después, romper con la blancura de mi folio de word. Por eso, después de darle vueltas toda la mañana, he querido traeros mi reflexión sobre el Vía Crucis de las Hermandades. Y no he encontrado mejor forma de iniciarlo que con las bienaventuranzas.

 

Después de leer las desafortunadas palabras de nuestro Arzobispo respecto a la imagen designada, tuve la idea de que, si hubiera sido yo la Hermandad, les habría mandado a paseo, celebrando el Vía Crucis por las calles de mi barrio, donde bien me quieren y dejando a un lado la parafernalia y el protocolo del evento del Consejo. Yo me equivoqué igual que se equivocó el Arzobispo.

 

La Hermandad de Torreblanca nos dio una lección de humildad y de saber hacer. Por un momento me sentí volver a mis 8 años, veinticinco años atrás, cuando era otro Cautivo y otro barrio el que llegaba a la Catedral para el rezo de las XIV estaciones, en aquel momento fue mi Hermandad de Santa Genoveva y mi barrio del Tiro de Línea.

 

Era un día histórico, era la primera vez que esta Hermandad ponía “sus pies” en la Catedral y todos los ojos estaban puestos en ellos. Nada podía salir mal y nada salió mal.

 

Con la humildad que un barrio luchador y valiente sabe imprimir en el carácter de sus gentes, el Cautivo de Torreblanca llegó solo, sobre sus andas, con una sencilla túnica morada y un cíngulo que se movían al ritmo de los pasos de sus hermanos. Hermanos que se volcaron tanto en número como en compostura, dando una lección magistral a esa Sevilla cofrade que se sigue midiendo por el “tanto tienes, tanto vales”.

 

Cuando la caridad se lleva por bandera, cuando los justos toman el relevo a los fariseos, cuando no se trata de nada más que el bien común de todos los hermanos, entonces y sólo entonces es cuando Dios está entre nosotros y así se pudo sentir anoche en la vieja ciudad que, demasiadas veces se encierra entre sus murallas olvidando que hay vida más allá.

 

Bienaventurados los pobres, los que viven de su trabajo y no hacen ostentaciones de lujos porque son capaces de transmitir su felicidad a los demás. Bienaventurados los mansos, los que sufren del olvido y del rechazo, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, con hambre y sed de justicia, porque de su esfuerzo nacerá un mundo más justo. Bienaventurados quienes son misericordiosos con quienes los rechazan, con quienes les injurian y persiguen porque serán ejemplo de vida.

 

Bienaventurados los hermanos de Torreblanca, por sus limpios corazones y por buscar la paz por las calles de su barrio. Bienaventurada sea Sevilla por tener entre sus hijos a los nobles hermanos de Torreblanca.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *