Con La Venia… La felicidad de la Cuaresma

Opinión de: Beatríz Vélez @Beitavg

Fotografía de: Tony Solis @TSFotografías_

 

Hoy da comienzo una nueva Cuaresma. Como ya había hecho en otras ocasiones, tenía planeado escribir un post más poético y sentimental pero mis musas andan de vacaciones, quizás carnavaleando aún, menos mal que leyendo Twitter, he visto que comienza la guerra por los deseos de “feliz Cuaresma” y se me ha encendido la bombillita.

 

El Twitter cofrade se debate entre el felicitar la Cuaresma o no felicitarla y, en esta pugna, hay campañas igual o más duras que con el “Halloween  sí o Halloween no”. Desear una feliz Cuaresma a todos es una tontería, igual que lo es desear Feliz Navidad o, incluso, feliz Cumpleaños. Y no lo es porque yo lo diga o porque no me guste que me feliciten, a nadie le amarga un dulce, lo es simplemente porque es un mensaje vacío, carente de fondo, un mero trámite.

 

¿Pero qué ocurre si lo que nos desean es “una Cuaresma que nos haga feliz”? No, esto no es mío, es de un tuitero llamado Juanma Gómez (@gomezcabrera_), y, bajo mi punto de vista, no es lo mismo.

 

Los días de Cuaresma deben ser, como cristianos que somos (o se nos presupone, como la valentía en la mili) días no tanto de recogimiento, que también, como de reflexión. Está muy bien aquello de no comer carne los viernes, si tenemos en cuenta que las comidas de esta época del año, son de las mejores que tiene el recetario andaluz, pero al final no deja de ser algo simbólico que hacemos por tradición pero que no nos lleva a ningún sitio.

 

La Cuaresma debe ser un tiempo de búsqueda, de preguntarnos quién somos y cuál es nuestra tarea. No pido a nadie largos teoremas metafísicos, se trata de darnos unos días para centrar nuestras vidas, para volver a encontrar nuestros caminos, para ver cómo podemos mejorar y cómo podemos ayudar a los demás. La Cuaresma es un tiempo para darnos y para recibir.

 

Pero no hace falta que nos volvamos ermitaños ni mucho menos. Debemos vivir nuestra Cuaresma en la calle, compartirla con los demás, viviendo cada uno de sus momentos y de sus actos con una ilusión renovada, recorriendo callejas y rincones de Sevilla que nos hagan sentirnos niños de nuevo, saboreando cada instante, descubriendo las luces y las sombras de una Sevilla que nos vuelve a enamorar año tras año.

 

Decidme vosotros si eso no se parece mucho a la felicidad.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *